No hace mucho de la anécdota. Fue en 2015, cuando el polifacético Fernando Arrabal comentó un suceso que le aconteció en casa de Dalí. Estando los dos artistas, este le dijo a aquel que sedujera a su mujer, Gala. Arrabal, impactado por la petición, lo intentó líricamente, pero fracasó, terminando el percal en unas merecidas calabazas por parte de Gala, mujer de Dalí. Este curioso suceso, que bien podría tomarse por una extravagancia más del divino Dalí, o por una ocurrencia del impredecible Arrabal, no hace más que recordar la existencia de ciertos poemas de amor medievales, conocidos comúnmente por amor cortés.

Sintéticamente, son poemas romanticos dirigidos a una dama de alta alcurnia, a la que se idealiza, de la que se pretende atención, una prenda en reconocimiento e, incluso, el gozo de su contacto. Son composiciones propias de la nobleza medieval. En muchas ocasiones, la dama es casada, pertenece a una clase social superior a la del poeta y no repara en el artista hasta pasado un tiempo. Muchos consisten en un juego donde el marido permite a un otro hombre galantear y seducir a su mujer, consiguiendo un poema de amor que hace las delicias de los nobles. Curiosa situación, ¿no creen?

poemas de amor y noches romanticas

¿Un canto al adulterio o el ensalzamiento del amor puro?

El amor cortés es un estilo literario de poesía que cantaba y proclamaba un trovador. Este era un cantor y compositor de la corte, a diferencia del juglar, que lo era del pueblo. Entre los ss. XII al XIV, aprox., se le encargar estas canciones o poemas amor donde cuenta las peripecias de dos amantes.

El caballero suele ser de inferior rango a la dama (hasta puede estar casada), pero bebe los vientos por ella. Él sabe que está lejos de su atención, por lo que busca la manera de llamar su atención. La ensalza y eleva, hasta el punto de idealizarla y poco menos que divinizarla. Ella termina por corresponderle con algún gesto. La relación puede ir adelante y ella puede regalarle una prenda, o acariciar a su amante o besarle. Incluso hay ocasiones en que se acuestan, llegando unas veces al sexo y otras no.

El caballero no busca más que la atención de su dama. De hecho, su expresión de amor enardecido se reviste de honorabilidad, de paciencia, de esfuerzos por ensalzar el nombre y la fama de su amada. El poema refleja una personalidad entregada, casta, sin ojos para otra. Es una muestra de las relaciones de vasallaje de la época: el enamorado nada pide a la dama, sino su atención y alguna palabra o prenda, pero se desvive en cualquier lance o aventura donde ella pueda ser honrada.

Unos poemas amor se quedan en esta relación de corte espiritual, proponiendo un amor idealizado, superior a las propias posibilidades, resaltando los esfuerzos del poeta. Otros alargan su historia hasta la unión de los amantes. Son poemas de amor donde tanto se alaba la castidad esforzada del caballero como la feliz consecución del encuentro íntimo. Poemas romanticos con vertientes espiritual y carnal.

Grados y estilos del amor cortés

El poema de amor cortés tenía distintas configuraciones y temas. Reflejaba distintos momentos y sentimientos del proceso de seducción, había tragedia, espera, amor, alegría… El mismo trovador pasaba por las siguientes fases:

  • fehedor, suspira por la dama,
  • pregador, se da a conocer a ella,
  • entendedor, recibe algún gesto de reconocimiento,
  • drutz, se convierte en su amante.

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